lunes, 22 de mayo de 2017

NI EDUARD ESTIVILL NI CARLOS GONZALEZ. NO HAY DOS CORRIENTES, SÓLO UNA MENTIRA.


Hace años que vengo leyendo artículos, divulgativos y científicos que hablan de dos corrientes en la crianza de los hijos. Por una parte, está la que aquí consideramos como "crianza de toda la vida" con sus "cachetes a tiempo", destete temprano, introducción temprana de papillas y purés, sueño en solitario impuesto a la fuerza, etc. Por el otro, está un tipo de crianza llamada de múltiples maneras: crianza natural, crianza respetuosa, crianza corporal, etc., que aboga por lo que muchos consideran una vuelta a los orígenes remotos del paleolítico en el que los bebés dormían con sus padres, mamaban a demanda hasta bien entrada la niñez, empezaban a comer los alimentos de los adultos sin purés ni papillas de por medio y los niños disfrutaban de un respeto y un contacto por parte de los adultos  que hoy en día casi no se practica. Una crianza que autores como Mederith Small con su "Nuestros hijos y nosotros" o Jean Liedloff con "El concepto del continumm" pusieron encima de la mesa frente a la sociedad occidental a finales del siglo pasado, donde las normas de crianza eran dictadas por la pediatría y la psicología de finales del siglo XIX y principios del XX, ambas dominadas, entre otras cosas, por el oscuro conductismo de Skinner, Pavlov o Watson y los intereses de la industria alimentaria productora de leche artificial y alimentos infantiles. 


El caso es que estos artículos presentan la situación actual como la existencia de dos corrientes enfrentadas en la crianza de los hijos, lo que da la falsa idea de que podemos elegir entre dos alternativas al mismo nivel: puedes imponer el sueño en solitario a base de dejar llorar a tu bebé, como defiende el doctor Eduard Estivill, o puedes dejarle dormir contigo como defiende el doctor Carlos González o la psicóloga Rosa Jové (por citar a los tres más populares dentro de la literatura divulgativa para padres). Puedes amamantar a tu hijo o puedes darle biberón. Puedes llevarlo en cochecito o portearlo en portabebés. Puedes subirlo a un andador o dejar que gatee. 

Pero la situación es sutilmente diferente. La realidad es que amamantar a nuestros hijos a demanda y sin interrupción de la lactancia, llevarlos de bebés pegados a nuestros cuerpos, dormir con ellos, etc., son los comportamientos BÁSICOS de la crianza humana. Cualquier variación de ese comportamiento supondrá una situación de tensión, un estrés especialmente para la criatura, pero también para su madre y los adultos encargados de su cuidado, ya que toda nuestra fisiología evolucionó en armonía con el mismo. Este estrés podrá producir o no una respuesta tóxica, pero lo que es seguro es que influirá significativamente en el desarrollo del menor.

Los humanos, como animales racionales que desarrollamos culturas complejas, hemos ido cambiando muestro comportamiento instintivo a los largo de las generaciones, intentando ajustar la crianza de nuestros hijos a las exigencias culturales. De esta manera, actos como ponerlos a dormir en una cuna lejos de su madre, introducir la alimentación complementaria a base de papillas antes incluso de que tengan dientes, imponer horarios a en la alimentación del lactante, utilizar leche animal adaptada en lugar de leche humana, etc., fueron cambios realizados a ciegas, en la gran mayoría de ocasiones ni siquiera por el interés del niño o de su madre, sino por las exigencias económicas, sociales y religiosas del momento, diseñadas, entre otras cosas, para garantizar la supremacía del varón sobre la mujer, y el domino de una clase poderosa sobre otra sometida. Así, esa costumbre de las clases dominantes de mandar a los bebés a criarse al campo con una nodriza, lejos de su madre, ha costado la vida a miles de criaturas (y madres). Incluso sin ser tan drásticos, consejos médicos del siglo pasado como poner a los bebés a dormir en solitario en una habitación separada, o ponerlos a dormir boca abajo, ha resultado también trágicamente mortal para miles de bebés. Aunque, bajo mi punto de vista, la sustitución de la lactancia materna por la alimentación con leche animal adaptada ha sido uno de los experimentos no controlados más mortíferos de la humanidad. 

Con la consolidación en el siglo XX del método científico, seguido en los años setenta por el desarrollo de una sociología de la ciencia muy crítica con el mismo y dispuesta a superar el inocente positivismo del pasado, muchos de estos comportamientos que se creían científicamente demostrados y universalmente correctos y aplicables fueron reconocidos como productos de determinantes culturales existentes en momentos concretos, que podían o no seguir vigentes en la actualidad. Se hizo así evidente que el apoyo que recibían de los expertos era la consecuencia de una ciencia realizada bajo un importante sesgo, no siempre reconocidos por unos profesionales sumergidos en el positivismo mertoniano, según el cual la ciencia se produce con absoluta independencia de los determinantes culturales y los intereses de la sociedad que la genera. Algo que hoy sabemos que no es verdad, y diversas escuelas de sociología han definido ya distintos marcos teóricos que se ajustan a la producción científica actual con mucho más realismo que el descrito en su día por Robert King Mertón. En estos marcos teóricos se admite la influencia de los valores culturales y de los intereses económicos en la producción científica, así como la existencia de incertidumbres que no pueden ser resueltas simplemente aplicando más ciencia: todo ello lleva a cuestionar el papel del experto como única autoridad capaz de resolver las problemáticas científicas con importantes implicaciones en la salud y el bienestar de la población. 

En resumen: ahora reconocemos que muchas normas de crianza supuestamente basadas en ciencia y defendidas por médicos y psicólogos durante siglos, en realidad son producto de una ciencia mal entendida y aplicada. Por lo tanto, la llamada crianza natural, respetuosa o corporal no es una corriente que nace de la nada como alternativa a la crianza "tradicional" de nuestra sociedad, sino el producto del desarrollo de verdadera ciencia en el campo de la salud infantil. Es la consecuencia de la buena aplicación del método científico, por fin correctamente contextualizado por los conocimientos que los estudios sociales de la ciencia nos ha aportado en los últimos cincuenta años

Con palabras sencillas: es el reconocimiento de que lo que se decía que "tenía que ser así" de manera absoluta, en realidad no tiene por qué serlo, porque esa afirmación no tiene ninguna base científica

Es la liberación de unos determinantes culturales que hacían más mal que bien. Y es el reconocimiento del daño causado. 

Así que para nada son dos corrientes alternativas al mismo nivel. La crianza corporal es la consecuencia de la caída de la venda de los ojos y, por lo tanto, viene a sustituir y a liberarnos de una serie de comportamientos aberrantes y dañinos que, ahora sabemos, no tienen ninguna evidencia científica detrás

No se trata de volver al paleolítico, sino de criar a nuestros hijos teniendo presente su naturaleza humana y sus necesidades primales básicas, y ejerciendo cualquier variación del comportamiento natural desde el respaldo de una ciencia basada en la evidencia de un método científico bien aplicado, y muy consciente de sus límites y sus fortalezas. 






viernes, 19 de mayo de 2017

UN BEBÉ DE SIETE MESES MUERE POR NO RECIBIR SU ALIMENTACIÓN NATURAL

En Beveren, Bélgica, un bebé de siete meses murió en el año 2014 supuestamente por el alimento que recibía, y ahora que se acerca el juicio y el caso se ha hecho público, a los medios de comunicación les ha faltado tiempo para generar los más absurdos y engañosos titulares. Desde el "Muere un bebé de 7 meses porque sus padres le aplicaron una dieta sin gluten" de la Vanguardia, hasta el "Muere un bebé con un peso de 4 kilos por la dieta sin gluten que le pusieron sus padres" de Antena 3 TV. No quiero ni pensar la congoja que han debido ocasionar a muchos padres de niños celiacos o intolerantes al gluten.

Otros hacen mención a la leche de quinoa que le daban y, los más acertados, resaltan que no tomaba leche adaptada. Estos ya van apuntando mejor, pero todavía no dan en el pleno. También me llamó especialmente la atención una artículo en el que se resaltaba que los padres se habían empecinado en alimentar a su bebé de manera "natural". Todos estos titulares y artículos parecen tener el objetivo de presentar unos padres alternativos, "hipilondios" y  antisistema, del tipo de los que no llevan a los bebés al pediatra ni le ponen vacunas y ¡ojo! dan de mamar a la criatura por lo menos hasta los 9 años (la lactancia materna no interrumpida suele venir en el pack). 

Por eso me ha llamado sobremanera la atención que en ningún artículo se hace referencia a por qué este bebé no era amamantado, ya que:

La LACTANCIA MATERNA es el único alimento realmente natural y saludable para un bebé humano de 7 meses. 

Por lo que parece, el bebé no recibía leche materna, a pesar de la imagen dada por los medios de comunicación de sus padres como una pareja practicante hasta el extremo de lo que ellos consideraban una "alimentación natural". Y digo "por lo que parece" porque la realidad es que no sabemos de qué ha muerto ese bebé ya que, francamente, si te vas a fiar de la prensa para enterarte de lo que ha ocurrido, más vale de que te mentalices de que te vas a enterar mal. Es incluso posible que su muerte no tenga nada que ver con lo que comía y que los padres en absoluto le estuvieran alimentando como describen por ahí los medios. Aquí los únicos que saben lo que realmente ha pasado son los que están tratando esta tragedia de primera mano. 

Pero en el caso de que todo haya ocurrido como lo cuentan, que el bebé de siete meses sólo estuviera recibiendo leche de quinoa y dieta sin lactosa ni gluten, lo que realmente habría matado a ese bebé no es la ausencia de gluten o de lactosa, sino la ausencia de su alimento natural: la leche materna. Lo más triste es que este hecho no ha llamado la atención de la prensa en absoluto porque no es para nada excepcional: en España, según cifras de la AEP, el porcentaje de niños que reciben lactancia materna a los 6 meses es de sólo un 47%. Esto significa que

 menos de la mitad de los bebés de 6 meses reciben su alimento natural

No sabemos la razón de por qué este bebé no tomaba leche materna: si su madre estaba imposibilitada para alimentarle o si él realmente no la toleraba (algo tan excepcional que apunta a un grave desorden digestivo que hubiera necesitado de una intervención médica inmediata e importante para su supervivencia). Afortunadamente, cuando un bebé no puede tomar leche materna de su madre hay dos opciones: la leche humana donada (en caso de que sea porque su madre no le puede dar) y la leche animal ADAPTADA (pudiendo llegar a ser leche "especialmente adaptada" para esos rarísimos casos en los que un bebé no tolera componentes de la leche humana o de los animales generalmente utilizados, como la vaca, la cabra o la oveja). La primera mejor que la segunda, pero la segunda más fácil de conseguir y todavía suficientemente buena como para permitir unos índices de supervivencia aceptables. 

Por lo que parece, ante la falta de leche materna, estos padres se negaron a alimentar a su bebé con leche de fórmula adaptada por tener un concepto muy equivocado de lo que se puede considerar "alimentación natural". Pero las leches vegetales no son "leches" y lo más parecido a su alimento natural que puede tomar un bebé humano es la leche animal adaptada. Leche adaptada, además, por profesionales de la alimentación infantil, no por la madre o el padre que en su propia casa sigue la receta ancestral de su bisabuela y le añade un poquito de aquí y diluye un poquito de allá a la leche animal de turno. Esas recetas caseras de supuesta "leche adaptada para bebés" que a veces se leen en algunos blogs, absolutamente denunciables, suelen llevarse por delante a los bebés, ahora y hace cientos de años cuando, ante la imposibilidad de alimentar a un bebé con leche humana, no había más opción e intentaban alimentarles "adaptando" leches animales o haciendo papillas varias, que generalmente acababan matando a la criatura. Algunos bebés así alimentados sobrevivían, sí, pero posiblemente lo conseguían en pésimas condiciones de salud. 

En cualquier caso, y volviendo al tema central que nos interesa, lo cierto es que  ni el gluten, ni la lactosa, ni los productos "naturales" como la leche de quinoa, han matado a esta criatura. Si las cosas han sucedido realmente como lo explica la prensa, a este bebé le ha matado: 

  • En primerísimo lugar, y aunque nadie lo mencione: la falta de leche materna
  • En segundo lugar: la no sustitución de la leche materna por una leche de fórmula adaptada (posiblemente "especialmente adaptada" a los problemas digestivos de este bebé, en caso de que los tuviera) aprobada por los organismos de salud pública. 
  • Y en tercer lugar, y en el caso de que el bebé realmente sufriera un desorden digestivo que le hubiera hecho intolerante a la leche humana o animal adaptada (de manera general), la falta de un tratamiento médico adecuado y una leche especialmente diseñada por profesionales para sus necesidades. 


Esta, creo yo, sería la información relevante que debería divulgarse. Esta es la información que yo hubiera querido leer.